Archive for the ‘CUENTOS JURIDICOS’ Category

Las dos vidas de Florencia

febrero 6, 2013

Bastante tiempo atrás, en “otra vida”, Florencia había conocido al hombre con el que iba a estar toda la vida y estuvo un año. En poco tiempo se conocieron, noviaron y se casaron. Todo era color de rosa, o más menos, hasta que llegó el tercer miembro de la familia, como siempre, sin avisar. Y Florencia conoció la peor cara de su marido. “No decidí ser padre y no voy ser padre” “No vas a decidir vos que yo sea padre”, fueron algunas de las excusas disfrazadas de argumento filosófico que salieron de la boca del hombre de su vida. Efectivamente, en una de las pocas promesas que cumplió, no fue padre. Y, por supuesto, tampoco esposo. Desapareció dejándola con su pequeño “monstruito” en la panza.

Curioso: “hasta que la muerte los separe” les dijeron…y los separó la vida.

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El “bobo” de Marcelo

mayo 29, 2011

Marcelo y Alejandra llevaban juntos 32 años. Se habían conocido en la Universidad, y desde entonces habían forjado una linda familia con dos hijos, Sebastián y Agustina. Por esas cosas de la vida, no se habían casado. En parte porque habían empezado a convivir bastante rápido, en su momento más por ahorrar un alquiler que por otra cosa. En parte porque los gastos del pequeño Sebastián, que llegó sin aviso, impedía afrontar los enormes costos de una fiesta. Y en parte, en definitiva, porque “los papeles” no hacen la diferencia. Ellos estaban bien, los chicos estaban bien y eso era lo importante.

Pertenecían a la muy imprecisa “clase media”. Vivían en un cómodo departamento de cuatro ambientes, tenían un lindo auto y Marcelo contaba con un trabajo bueno y relativamente estable.

El peor momento que había vivido la familia en los últimos años fue cuando poco tiempo atrás Marcelo tuvo un infarto que casi lo pasa a mejor vida, aunque el destino le reservó una segunda oportunidad. Con 57 años, fumando medio atado de cigarrillos por día, amante de los asados, con cierta tendencia al estrés y olvidado de la actividad física, pertenecía claramente a un grupo de riesgo y el lo sabía. Como sabía que no tomar alcohol no cambiaba mucho las cosas, salvo para intentar una infantil defensa cuando Alejandra o los chicos lo retaban porque no se cuidaba. Pero después de todo, el incidente había pasado y él parecía estar bien. Un día que se había hecho un hueco para tomar un café con uno de sus dos mejores amigos, comenzaron a hablar de “bueyes perdidos” y derivaron en un diálogo que terminaría influyendo en la vida de todos los miembros de la familia. Su amigo se llamaba Eduardo y en cierto momento le pregunta:

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¿A Jorge le falta un tornillo?

marzo 30, 2011

La “Ferretería de Jorge” era el mas antiguo de los “boliches” del barrio, atendida por el mismo Jorge que la había fundado hace ya veintilargos años. Aunque el nombre real, que aparecía en el cartel de toda la vida pero que casi nadie conocía, era “El tornillo que faltaba”, todos la conocían por el nombre del dueño. El mismo dueño que aún hoy se encontraba detrás del mostrador, al frente de un negocio tan caro a los habitantes del barrio como indiferente a los políticos de toda la vida, siempre encandilados por las grandes corporaciones. O acaso alguien podía negar seriamente que diez o quince ferreterías como la de Jorge daban igual o más trabajo que una lujosa sucursal bancaria?

Para ser precisos, y también justos, se trataba de algo más que de una ferretería. El empuje y perseverancia de su creador le habían permitido anexar un pequeño pero completo sector de herramientas, además de algunos accesorios eléctricos, todo lo cual hacía un comercio bastante completito, atendido por el propio Jorge y tres empleados. Jorge sentía un especial afecto por su negocio no sólo porque era su creación, sino porque le había permitido formar y mantener una familia, compuesta de su mujer Catalina y sus hijos Gabriel y Claudia. Además, le había dado la posibilidad de llegar a tener un departamentito propio para todos ellos aunque los vaivenes del país le habían impedido comprar el local de su negocio, en donde seguía alquilando gracias a su puntualidad en los pagos.

Un día, minutos antes de cerrar, llegó el empleado de confianza de su proveedor mas antiguo, le pagó y, ya con la persiana baja, Jorge se puso a charlar:

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